La chica del tren. Paula Hawkins
- Alba Martínez
- 24 nov 2018
- 2 Min. de lectura
¿Qué convierte a una novela, que en una primera lectura no dice gran cosa, en un best-seller?
El éxito inicial de ventas de La chica del tren logró superar, hace más o menos tres años, a los de El código da Vinci, Harry Potter y Cincuenta sombras de Grey. Eso es lo que me ha decidido a comentar esta “novela negra” a pesar, del tiempo transcurrido desde la primera edición y a pesar también de mi falta de interés inicial: lo cierto es que acabo de leerla.
El resumen que promociona la editorial es el siguiente: Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece?
Mi experiencia me dice que hay dos tipos de alcohólicos: los que no lo parecen, no se emborrachan, beben como cosacos desde que se levantan, aguantan el tipo toda la jornada (proporcionándole al cuerpo sucesivas dosis) y, si acaso, en algún momento pierden el autocontrol y se vuelven agresivos, normalmente más de palabra que de hechos; y, en segundo lugar, están los borrachos en toda regla a quienes la bebida sienta mal aunque la necesiten, patosos, depresivos, paranoicos incluso.
La chica del tren pertenece a esta segunda clasificación. Es cargante, lo que bebe le sienta mal, vomita, pierde el conocimiento y, cuando lo recobra, lo que ha perdido es la memoria; pero, sobre todo, es muy pesada y –dado que ha perdido el trabajo y viajar en tren desde su extrarradio a Londres es la única ocupación que le queda- termina por acosar a las personas que conoce, y a quienes no conoce. La chica del tren es alcohólica, a cuenta del abandono de su marido, y es imposible olvidarlo; por lo que me parece una redundancia innecesaria que cada dos o tres páginas tenga que repetir que acaba de comprarse unas latas de gintonic o ha vaciado una botella de vino.
Pese a todo, el marketing ha hecho su trabajo y ha convertido a la novela en el libro del año desde hace tres. Además, esta obra ha conseguido hacerse un hueco en la gran pantalla desvelando gran parte importante ya en su tráiler.
¿Y tú?
¿Has leído el libro o has visto la película?
¿Qué te ha parecido?






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